Para los que acostumbramos guardar cosas  

Publicado por Dario Rangel

En una ocasión, antes de dar inicio a mi sección diaria "Semillas para el
espíritu", el programa "Muy buenos días", me dijo Jota Mario, el
presentador: "Papá Jaime, hay una niña discapacitada que vive con su tía
en un tugurio, en condiciones infrahumanas, y necesita una silla de
ruedas". Ese día conté el caso de esta niña y hablé de la importancia del
servicio amoroso y de dar sin esperar retribución. Recuerdo haber dicho
enfáticamente que aquellas cosas inutilizadas tras seis meses ya no son
propias y, por lo tanto, deben darse a alguien que las necesite.


Expliqué con claridad que los cuartos de san Alejo donde se guardan
cobijas, herramientas, cuadros, bicicletas, coches de niños, juguetes,
etcétera, no deberían existir. Al final de mi sección llamaron alrededor de
100 personas, 99 de las cuales dijeron que también necesitaban silla de
ruedas, y sólo una señora ofreció una silla que podían pasar a recoger. Le
dije que sería una buena idea que ella fuera con la silla al estudio de
televisión para que juntos se la entregáramos a la niña, que vivía en el
barrio Simón Bolívar.

La señora me respondió que confiaba en mí, que no había problema en que
recogieran la silla, y yo le comenté que no era cuestión de confianza sino
de sentir la satisfacción de entregarla personalmente: "Yo quiero que usted
me acompañe y experimente el placer tan grande que es dar y la felicidad
que se siente al servir. Usted no tiene ni la menor idea de lo rico que es
experimentarlo”.

Le expliqué entonces que una cosa es conocer a fondo una manzana, su
textura, su color y su forma, y otra meterle un buen mordisco y
experimentar su sabor.

Después de esto ella accedió y nos fuimos al cerro del Ahorcado, en Ciudad
Bolívar, al que algunas veces la gente sube para colgarse de un árbol
debido a la desesperación. El alcantarillado iba por fuera y rodaba por un
canal enclavado en la pendiente. Al sentir el frío y la podredumbre del
ambiente la señora quiso devolverse, pero finalmente llegamos al cuarto
oscuro y denso donde se encontraba aquella criatura de doce años.

Según nos contaron, los senos incipientes de la niña estaban totalmente
estropeados por los callos y las llagas, pues llevaba gran parte de su
vida arrastrándose por el piso como una culebra. Al levantarla de la cama
sentí un olor peor que el de las alcantarillas.

Entonces la sentamos en la silla de ruedas y fuimos a dar una vuelta. En
cuanto la niña salió a la luz del sol y vio la montaña empezó a dar unas
risotadas exageradas. Por un momento creí que era retrasada mental, pero
lo que sucedía realmente era que nunca había salido a dar un paseo y en
pleno siglo XXI no había visto un bus.

Continuamos nuestro paseo hasta llegar a una esquina donde nos dijeron que
preparaban un asado muy rico y decidimos probar. Mientras comíamos, la
señora lloraba y lloraba. Le pregunté entonces por qué lloraba tanto y me
respondió: "Papá Jaime, usted no tiene la menor idea del motivo por el
que estoy llorando". Le dije que, en efecto, ella debía sentirse feliz al
hacer tan buena obra por aquella niña. Y entonces me miró y me dijo con la
voz entrecortada: "Lloro Papá Jaime, porque tuve esta silla de ruedas en
el garaje de mi casa por más de ocho años. Lloro de pensar que esta niña
se arrastró como una culebra durante todos estos años, mientras esa silla
se oxidaba y dañaba por falta de uso. Ella nunca pudo dar un paseo como el
que está dando ahora, lloro por las oportunidades que tuve para ayudar a
otros y por no haber hecho nada".

Así pues, el dolor se produce cuando no actuamos. Espero que este mensaje
sea de tu agrado y lo puedas poner en práctica en tu vida.

NO GUARDEMOS NADA EN EL CUARTO DE SAN ALEJO, ALGUIEN DEBE ESTAR NECESITANDOLO.

Las cago!!!  

Publicado por Dario Rangel

Call of Duty 4: Modern Warfare Trailer  

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Cradle Of Filth - Babylon AD  

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Cradle of filth "BLACK METAL"  

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Super Striper  

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Cuidado en el baño!!!  

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Su opiniòn es importante  

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Halo 3, un fenómeno global  

Publicado por Dario Rangel


Corría 2001, noviembre para ser exactos, cuando la industria de los videojuegos fue golpeada con una iniciativa más de Microsoft: Xbox. Aquella caja negra con verde que no llegaba sola al competido mundo de las consolas, sino bien acompañada de uno de los títulos que se convertiría en el estandarte de la marca, en su franquicia más popular; en un FPS (First Person Shooters) de influencia e inspiración... Halo: Combat Evolved (desarrollado por Bungie Studios) junto con su protagonista Master Chief y los Covenant (los aliens que atacan la Tierra).

Seis años después, llega la esperada entrega de la trilogía, pero durante el trayecto se lanzó Halo 2 también en noviembre, pero de 2004; y un año más tarde, Microsoft lo hacía otra vez, ofreciendo (adivinaron, en noviembre) su flamante consola, el Xbox 360.

Hoy día, con una base instalada de consolas y fanáticos impresionante, con una muy respetable librería de títulos sobresalientes, el mundo es testigo, casi dos meses antes de lo acostumbrado, de Halo 3. Que no sólo representa la culminación de una historia de ciencia ficción, ni gráficos que lucen perfectos en alta definición ni un juego de disparos en primera persona, o el ejemplo vivo del poder de las consolas de nueva generación, sino uno de los fenómenos más interesantes de la industria actual. Consolas de edición especial, figuras de acción, novelas gráficas, adaptaciones cinematográficas, juegos de estrategia en línea, intensas campañas de publicidad en radio, televisión, medios impresos y espectaculares... todo esto es Halo como franquicia.

Ahora, Halo 3 logró 178% de incremento en ventas sobre Halo 2 en su primera semana; un millón de jugadores de Xbox LIVE estuvieron en línea en su primer día de venta y registró 2.4 millones de juegos multijugador en el primer día. Finalmente, se preguntarán si ya lo jugué. La respuesta es sí. Es un título que se tiene que sentir aunque sea una vez en la vida.

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